Tig Notaro: comedia + tragedia

Compañera de carretera de cómicos como Louis CK y Sarah Silverman, Tig Notaro forma parte de esa generación de grandes comediantes hoy día acaudalados e indiscutidos, de perfil oscuro y humor más opaco aún. Sin embargo no fue hasta la publicación del documental homónimo en Netflix sobre el más reciente y trágico periodo de su vida, que se hizo casi mundialmente famosa, al menos entre los compañeros de rubro.

 

¡Buenas noches, hola! Yo tengo cáncer, ¿cómo están ustedes?

El reportaje recoge a grandes rasgos el testimonio de Tig y sus más allegados amigos durante 2012. Periodo en que empalmó el padecimiento de una infección intestinal que casi termina con su vida, el posterior fallecimiento de su madre por una tonta caída doméstica y, pocos meses después, un diagnóstico de cáncer en ambos pechos que termina en la práctica de una doble mastectomía.

Sin entrar a valorar el coraje del que hace alarde su protagonista, que no es poco ni le falta mérito, elegimos esta crónica porque nos gustó como refleja el lado más humano del día a día del comediante. A los pocos minutos de comenzar el vídeo, Tig resume en pocas palabras el sentimiento que muchos de los que nos dedicamos a la comedia tardamos años en verbalizar: «Odié la escuela, lo pasé mal en todos los empleos y fracasé, hasta que descubrí la comedia unipersonal. Pensé: Soy comediante. ¿Por qué nadie me lo dijo?».

«Primero te tratan como si no existieras y casi no ganas dinero. Nunca me sentí más plena en mi vida».

En 2012, en plena cadena de catastróficas desdichas, Notaro salta a la primera línea de los cómicos en boga a raíz de su aparición en Largo, Los Ángeles. Actuación de la que sólo se dispone del audio y que se conoce como uno de los shows históricos de la comedia stand up. En ese show hace público su cáncer y, reconoce en el documental, todavía no sabía si iba a sobrevivir o sucumbir a la enfermedad.

Lo que viene después son buenas noticias. Tig sale adelante en lo físico, pero se tiene que enfrentar a otro gran fantasma: volver y, al menos, igualar el éxito de Live, título con que se publicó la mítica actuación. La expectativa del público es tal que “la cómica del cáncer” ahora tiene que batallar con la página en blanco, la oxidación de varios meses sin pisar un escenario, la decisión de si volver a hacer comedia autobiográfica y, a la par, seguir viviendo con los problemas propios de los adultos, se dediquen a lo que se dediquen.

Un registro que refleja una parte menos conocida de los que nos dedicamos a hacer reír, y que como cualquier hijo de vecino, convivimos con la tragedia personal. A menudo sin tener la opción de pedir días por fallecimiento de un familiar, por ejemplo, pero con un lema-herramienta que convertimos en el mantra de los cómicos: esto lo convertiré en chiste.

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